obandoexterior

Exposición de video, pintura sobre pared y fotografía donde el artista bogotano Juan Obando examina, representa e inventaría la actualización del racismo blanco que se reforzó en el sur de los Estados Unidos tras el fatídico paso del régimen de George Bush Jr y la liberalización a medias del de Barack Obama.

 

_________________

 

Limpio

 

“… Y tú mismo, trocado/ serás en siervo inútil/ sin amo ni sandalia;/ y guiarás el manubrio de la piedra doméstica/ que otro tiempo molía/ los trigos siempre libres,/ de tu feliz comarca./ Cuando lleguen los bárbaros déjalos que penetren/ bajo el sagrado pórtico de la ciudad de oro”

Rafael Maya, “Cuando lleguen los bárbaros”. Revista Cromos # 229, oct 2 de 1920

 

Decía Domingo García-Sabell que al tratar con enfermedades que no pueden entender ni controlar, los humanos producen imágenes: “representamos menos cuando sabemos más, representamos menos, cuando sabemos mejor”. Si traemos esta afirmación al campo del arte contemporáneo colombiano, respecto al racismo que alguna vez han sufrido/ejercido los artistas mestizos locales, se ve que éste ¡simplemente no existe! Entonces, o se le conoce tan bien que no hay necesidad de representarlo o es otro más de aquellos temas que el arte local no trabaja por andar pensando en clave de burbuja de (feria de) arte. Obvio que hay lecturas sobre racismo de criollos hacia afrodescendientes. Y hay artistas que han afianzado su carrera en torno a la explotación de ese cliché. Pero, al volver sobre el racismo que afecta y/o ejerce la enorme capa de mestizos que poblamos este país, el vacío es aterrador. Por hipócrita y mentiroso.

Lo cual esta clarísimo. Este país es un paraíso. Aquí hay ciudades rigurosamente intolerantes con las expresiones racistas como Cali o Medellín o Manizales. Hay diputados antioqueños que nunca dijeron que invertir en un departamento poblado mayoritariamente por afrodescendientes es como perfumar un mojón de mierda. Hay intelectuales bogotanos que nunca dijeron que los “caracteres francamente morbosos de la raza se han traducido en nuestra historia por una serie de agitaciones y de mudanzas que nos han acreditado como uno de los pueblos más inestables del universo”. Hay una élite que privilegia el contacto sociocultural con sujetos de otros genotipos –el caucásico sobre todo. Hay un alto gobierno que incluye a las minorías étnicas en sus principales aparatos administrativos, etc. Por eso es una estupidez enorme preguntar al respecto y, en serio, mejor seguir sacando foticos de matas.

De otra parte, están los mitos de racismo soft que sufren nuestros compatriotas cuando se largan a pasar largas temporadas en otras comarcas: les joden por bañarse a diario, les joden por ser bonitos-marrón, les joden bajo la suposición de que son dealers amateur de cocaína, les joden por ser “echados para adelante”, les joden por René Higuita, les joden por Juanes, les joden por Shakira. En últimas, se les aplican los mismos clichés que utilizamos con los extranjeros que nos visitan. Pero este asunto, cuando aparece, sirve más como tema de conversación en fiesta aburrida que como repertorio iconográfico. ¿Qué artista colombiano –aparte de Doris Salcedo, obviamente-, tiene la autoridad de hablar de choque de civilizaciones? ¿Quién lo haría con tal conciencia del oportunismo geoestratégico como ella? Ni idea, los de mi generación, por lo menos, no.

Entonces, aparece el trabajo reciente de Juan Obando, que depura la actitud neopunk de trabajos anteriores como Doctor Bazuco o Colombian Nazi y decide analizar, documentar e inventariar aquellas alteraciones que sufre su vida cotidiana con aquellas muestras ligeras, cotidianas y sonrientes de racismo que ha sufrido en el que nunca jamás dejará de ser el mejor país del mundo. Entonces, lo que suelen ser chistes flojos (“ a-mí-me-pasó-cuando-me-largué-a-vivir-a X que me pidieron X, o me dijeron: ‘te-pareces-a X’”), en White Only es la constatación escalofriante de que los ciudadanos del que nunca jamás dejará de ser el mejor país del mundo aun creen en su pureza racial. Muchos. Los indigentes (obvio, si voy a limosnear hay menos para ellos). Los arrendadores clase-media (obvio, si vivo allí estropearé su propiedad). Los universitarios (obvio, si no hay nada que hacer, se bebe y se posee dinero, ¿qué mejor plan que agredir migrantes ilegales?). Y lo mejor de todo es que Obando no esgrime el llanto-amenaza de que habla por una minoría encarnada en él. Le importa poco si parece más o menos estadounidense que tú o yo. Se acompleja menos que tú o yo por vivir en esa región. Vive el sueño americano, conoce sus monstruos (a algunos incluso les ha tenido que lidiar la manía del arte relacional). Se alimenta mal con la comida diseñada que allá se vende primero que acá. Y saca fotos, videos y roba banderitas. Mira y desconfía de los relatos que buscan conjurar la crisis sin mirarla de frente. Sabe que vive y trabaja en un Estado proclive a defender sus más queridos dogmas genéticos, y que, a pesar de la amabilidad que su presidente derrama en cada abrazo, sus ciudadanos, -muchos de ellos no todos-, no están dispuestos a dejar que les invadamos para lavar sus baños, criar su prole, servir su comida o enseñar en sus mejores universidades. Y entonces traza un camino en tono autobiográfico donde poco a poco se desvanece su temor-preocupación y da lugar a la medición de la temperatura social. De igual manera, formalmente desaparece de escena. En el primer video de la sala aparece él mismo invadiendo el área de confort de un indigente african-american, luego reitera una declaración de odio doméstico en una casita promedio o mide la estela que deja su desposesión de fetiches patrióticos, finalmente remata con la reunión y grabación de miles de jóvenes saludables y enfervorecidos que celebran la eliminación que “su” ejército hizo de un terrorista de quien sólo tuvieron conciencia por pantallazos, noticias mal comentadas y videos mal enfocados del 11S. Vamos, yo quiero vivir allá. Dar clase allá, hacer curadurías allá y cuando me toque un entrevista laboral haré uso estratégico de mi estatura, acento y tono de piel.

–Guillermo Vanegas

 

_________________

 

White collage

Juan Obando, Back to base, 2011. Videocollage.

 

obandointerior

Vista general del montaje

 

Promocional 1

Promocional 2

 

_________________

Sede de la exposición: MIAMI

Registro fotográfico: MIAMI

_________________

Modalidad de intervención ReemplazO: curaduría

_________________

Guillermo Vanegas
En 2010 fundó Reemplaz0, donde realiza curadurías históricas y de arte contemporáneo. Fue curador de los 13 Salones Regionales de Artistas y del 44 Salón Nacional de Artistas. Trabajó en la Oficina de curaduría del Museo Nacional de Colombia y la Gerencia de artes de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño. Recibió la Beca de investigación monográfica del Ministerio de Cultura de Colombia en 2015, el Premio Internacional de Crítica de Arte de la revista Lápiz en 2005 y Premio de Ensayo Crítico, otorgado por el I. D. C. T, ese mismo año. Desde 2007 se desempeña como profesor en varias universidades bogotanas. A partir de 2016 coordina la sala de exposiciones ASAB.
Guillermo Vanegas on FacebookGuillermo Vanegas on InstagramGuillermo Vanegas on Twitter