El coleccionista

Es sábado en la mañana y unas nubes rosadas manchan el cielo sabanero. Desde el jardín de una casa construida por Rogelio Salmona, se ven unos sietecueros muy viejos floreciendo. Se escucha un colibrí zumbar.

Frente a la cama del coleccionista hay una obra de Santiago Rojas. Es de unos 2 metros por uno setenta y cinco de alto. El coleccionista Lo había comprado en Casas Reigner, una galería del norte de Bogotá, una vieja casona, cuyos dueños habían sido de la elite política en los 90. Está montado en papel de fibra de algodón, es de un color apastelado, amarillo, y en toda la superficie tiene pegadas hojas de planta de coca. El coleccionista se ha despertado, se pone su reloj y unas pantuflas de cuero. Camina hacia el cuadro. Lo contempla con tranquilidad, casi sonriendo.

Algo le llama la atención, en la base del marco hay unas hojas coca caídas. “Esto es extraño”, piensa.

Baja las escaleras despacio. El desayuno está servido. Granadilla, arepa de choclo, mantequilla y café sin azúcar.

Llama a su asistente y le pide el número telefónico del artista.

A los pocos minutos recibe un mensaje de texto con los datos personales de Santiago Rojas.

Termina de desayunar, y se va hasta el estudio con un escritorio lleno de esculturas pequeñas, rojas y en hierro de Ramírez Villamizar. Marca el número de Santiago. Dos tres cuatro timbres.

-Aquí Santiago…

-BuenDia, habla con Meneses, la cosa es que tengo una obra suya, de la serie que Ud. hizo con hoja de coca…tengo una pregunta sobre esa obra…, mejor dicho, un problema.

-Sí, claro, dígame…

-El cuadro tiene unas hojas caídas dentro del marco, en la caja, esto es parte de la obra, o debe reparase. Creo que debe repararse.

-Déjeme le cuento algo antes…Las hojas de coca han hecho parte de las culturas antiamericanas por siglos. Pulverizadas, las hojas se consumen con cal directamente en la boca durante el día. Mambear se le dice. El que mambea, está siempre tranquilo, en paz con él mismo y con su entorno, con los otros. Lo opuesto a los efectos de la cocaína, mire ud., estas dos visiones totalmente opuestas, viniendo de una misma planta sagrada.

– Ah, okey…Quisiera enviarle el cuadro para que lo reparen. Esas hojas ahí caídas, no se ven bien…

-Como lo desee. Lo recogeremos hoy mismo.

– Mi asistente estará pendiente para la entrega, Sr. rojas.

– Sr. Meneses, en todo caso el arte puede absorber cualquier contingencia a su alrededor, en arte no existe el azar. Dónde empieza el caos o el orden?, y, de esta polaridad, ¿cómo leemos e interpretamos su espectro, sus diferentes colores y tonos?

-…si, si, entiendo, tenga Ud. un muy buen día.

Ambos colgaron al mismo tiempo. Afuera se escuchó una sirena de policía, un camión pasar y unas campanillas muy sutiles, como ring tones de celulares.

Jorge Acero Liaschevski
Medellín 1968. Estudió en la escuela departamental de Bellas Artes de Cali. Ha Participado en el programa Nuevos Nombres de la Biblioteca Luis Angel Arango de Bogotá y Cali, en la IV Bienal de Arte de Bogotá, los Salones Nacionales: 36, 37, 40 y 41. Obtuvo la beca America- Israel Cultural Foundation, junto a la exposición ARTIC 1 y 2 en Israel, ha expuesto en La Vitrina de Lugar a Dudas, la galería Jenny Vila, la Casa Proartes, el Museo de Arte Religioso de Cali y en el espacio independiente junto a Leonardo Herrera SINESPACIO, en 2015, expuso en el 7 Festival de Cine de Cali, en la muestra de videoarte PARA VERTE MEJOR en Popayán, e individualmente en el Museo La tertulia de Cali. Su obra hace parte de las colecciones del MAMBo Bogotá, La Tertulia, MAMM Medellín, La Sucursal. Co. Ha sido docente en Bellas Artes Cali y La Universidad del Cauca. Escribe regularmente en Primer Cuaderno.
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