Teoría de la gravedad

Este ensayo pertenece aún al inasible terreno de las ideas. Sus raíces se arraigan con fuerza a un breve análisis lingüístico. Un recuento histórico de la palabra más famosa del mundo dio a luz una idea que se edifica y se va al piso en este pequeño texto. Cae y se ensancha, se incomoda a sí mismo.

I

La experiencia del mundo puede ampliarse hasta las aventuras en el Triángulo de las Bermudas o reducirse al encierro de una pequeña habitación en una ciudad común; y en ambos, en todos los casos, se experimenta la gravedad. La experiencia del mundo pertenece al cuerpo, sí, pero no rechazo la idea de que pertenezca, en la misma medida, al espíritu –al alma, al aura, a la energía, al brío, al ánimo, a la substancia o como se le quiera llamar al mismo gato-.

Algún Vasari de la ciencia escribió cierta vez que, en Abril de 1726, Isaac (1642-1727), tomando té en Kensington, vio caer una manzana frente a él. El hombre fue iluminado por una pregunta: ¿por qué la manzana no va hacia los lados o hacia arriba, sino siempre hacia el centro de la tierra? El mayor acto científico de Newton es en sí mismo un acto simbólico: nombrar el mundo. Si la gravedad fue su descubrimiento o no, es irrelevante. Si fue su invento o no, le concierne únicamente a los filósofos, que se preguntarán si al nombrar algo esto empieza a existir (y en qué términos, para qué tendencias de pensamiento, etc.). Lo que le interesa a este ensayo es la gravedad, tan intensamente relacionada con Newton que puede parecer vano preguntarse por gravedad. ¿Por qué, de tantas palabras, tantas, tantas tan similares, nombró eso como gravedad? ¿Existía la gravedad antes? O, por lo menos, ¿existía gravedad antes de Newton?

Gravitas, fue el término que Sir. Isaac utilizó entonces para hacerse entender. Gravitas, que significa peso. El sufijo –ción se utiliza, en el latín y ahora en el español, para denotar la acción o el efecto de eso que lo emplea. Gravita-ción, entonces, es la acción y el efecto del peso, lo que implicaría por lógica matemática, que mientras más pesado sea el cuerpo, mayor es el efecto de eso.

Pero, como sabemos ahora, después de calcular la fuerza de rozamiento de dos objetos dispuestos horizontalmente, mientras permanecemos sentados en un pupitre que hiede a adolescencia, la fuerza de gravedad es siempre la misma, no tiene nada que ver con el peso, que depende de la gravedad, pero es otra fuerza, que obedece también al rozamiento, al movimiento, a la velocidad, al impulso, etc.; si no es con el peso, gravitas, ¿con qué tiene que ver, entonces?

II

Poco antes del acto simbólico de Isaac Newton, el filósofo, matemático y religioso René Descartes (1596-1650) elaboró la idea del plano cartesiano: una cuadrilla para enmarcar el paisaje. Todo lo existente y lo conocible sería desde entonces determinado por dos ejes: el X, nombre de las abscisas o la línea horizontal, y el Y, eje de las ordenadas o la línea vertical.

El plano cartesiano ha condicionado para nosotros el espacio, ente infinito, inmaterial e inasible, como un contenedor en el que se ubican los cuerpos; tanto como ha condicionado el cuerpo:

La naturaleza del cuerpo, tomado en general, no consiste en que este sea una cosa dura, pesada, colorida o que toque nuestros sentidos de cualquier otra forma, sino en que sea una cosa extensa en largo, ancho y profundidad”.1

A diferencia de Isaac, René, con el plano cartesiano, propone, dibuja un espacio que está condicionado, creado por el propio cuerpo. Isaac, en cambio, afirma, calcula que hay un espacio previo, independiente al cuerpo humano2. Ambas ideas, sin embargo, convergen en el sublime acto de nombrar, estudiar, medir, como mencionaba anteriormente.

Fuera de estas medidas, fuera del lenguaje, fuera de las manifestaciones evidentes, conocibles, fuera de profundo, ancho y largo ¿qué es lo que hay? ¿Lo sabemos?

No.

1 Descartes, René. Principios de filosofía. 1685.

2 Buenaventura, Julia. Propriedades sem bens: dos lotes de Gordon Matta-Clark às manifestacoes de Felix Gonzalez-Torres. Páginas 44-49: Entre a res extensa de Descartes e o espaco de Newton. Tesis Doctoral de Arquitectura y urbanismo, Universidad de Sao Paulo. 2014

Valentin Santos
Escritor y poeta bogotano de 50 años. Es editor e investigador. Ha escrito diversos ensayos para publicaciones independientes y fanzines de literatura, poesía y arte, pero nunca ha publicado ninguno de sus poemas por lo que él declara una consagración al miedo. Con esta mención a cuestas y con algunos años de investigación, en 1999 decidió crear la SCEM (Sociedad Colombiana para el Estudio del Miedo), una institución sin ánimo de lucro –y sin ánimos en general- que se dedica a la investigación de lo que ellos llaman miedo moderno. Actualmente se dedica a la producción de textos para fanzines y publicaciones periódicas impresas y en web.
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