O mueres como un héroe, o vives lo suficiente (para convertirte en villano)

Judíos no fueron el mayor holocausto, sino el contacto blanco con pueblos originarios” relata un verso de la canción Recuperar la Memoria del rapero colombiano JHT; y es certero, la colonización a nivel global se rebaja a brutales masacres y saqueos de las riquezas locales de cualquier tierra, desde África hasta Oceanía. Y a América no la dejaron atrás, su “descubrimiento”, mérito otorgado a Cristóbal Colón (sin importar, ni mencionar si otros ya lo habían hecho antes), y la posterior masacre indígena que se dio en todos los territorios del Nuevo Mundo es una historia que nos duele a todos. De este lado del charco, muchos guardamos un pequeño resentimiento que se remueve en nuestro interior al pensar en tales eventos. El 12 de octubre de 1492 llegaron dominantes fuerzas europeas a arrasar todo lo que se constituyera como cultura indígena. Actualmente América goza (no tanto) de una gran tradición y cultura basada en el catolicismo, cultura que obligaron a aprender con macabra insistencia a los mismos indígenas, al mismo tiempo que los torturaban para la construcción de templos sobre las ya demolidas ciudades prehispánicas.

No todos los héroes usan capa, pero tampoco usan casaca de cuello alto, largos faldones, charreteras bordadas, botas altas, ni bicornio emplumado, como el atuendo militar que utilizaba el tan afamado “héroe” de la patria, Simón Bolívar.

Después de tanto sufrimiento que hubo a manos de la conquista europea a América, el tiempo pasó y las heridas iban sanando en forma de colonias que admitieron el control de los conquistadores en nuestras tierras y se hizo una paz a las malas (casi como hacer las paces con las Farc). Algunos siglos más tarde, aparece el “héroe” que nadie pedía, pero aparentemente se necesitaba: Simón Bolívar.

Muy bien por Bolívar, logró desplazar el yugo europeo de nuestras tierras, pero ¿a qué costo?, ¿acaso su guerra libertadora solo cobró vidas españolas?, Simón Bolívar no fue un mejor ser que los brutales colonizadores.

Yo soy real como Bolívar y su espada”, reza uno de los versos de la canción Jeremías 17-5 del fallecido rapero venezolano Canserbero, reconocido por sus letras crudas y oscuras, pero también por ir en contra de las doctrinas del gobierno del también muerto Hugo Chávez. Es curioso cómo dos ideologías tan contrarías que en la vida real harían todo por censurarse entre ellas, a la vez concuerden en idolatrar a Simón Bolívar como “héroe”. Porque verdaderamente en Venezuela si lo consideran así, y en Colombia también, pero muchos no creen la historia que se nos cuenta sobre él desde el colegio. O ¿qué piensan por los lados del departamento de Nariño? La lucha por las diferencias que se dan entre ideologías es causa de guerras en todo el mundo y Colombia no fue la excepción, o en La Gran Colombia o en La Nueva Granada, mejor.

Entonces, en su momento, llega el tan anhelado Libertador que nos va a librar del maltrato al que estábamos sometidos por los españoles. Y es que España para esa época estaba jodida: con Napoleón en Europa y Simón Bolívar en La Nueva Granada, parecía que no había forma de salir triunfantes por ningún lado. Cuando ya un ejército de grandes proporciones seguía el liderazgo del gran caudillo, Bolívar no iba a permitir que nadie se interpusiera entre sus planes de sacar a España de lo que sería nuestro territorio. Entonces llegó aquel fatídico año.

El ya mencionado Bolívar comienza su viaje hacia el sur desde Santa Fe de Bogotá el 13 de diciembre de 1821. Un itinerario planeado a la perfección, intentaba evitar su paso por territorio pastuso donde a manos de su milicia ya había encontrado la derrota antes.

La marcha se dirigía hacia Guayaquil. El 6 de enero de 1822, casi un mes después haberse puesto en marcha, bordeando América por el Pacífico, Bolívar es informado sobre la llegada de una gran flota, al mando del general español Juan de la Cruz Mourgeon, lo que lo obliga a cambiar por completo su rumbo para evitar un ataque directo sobre su ejército. Este cambio de planes de último momento hizo que su encuentro con milicias pastusas fuera inevitable.

Después, el ejército republicano, obligado a tomar otros caminos, se encontró con los pastusos dispuestos a dar el enfrentamiento dentro de lo que sería la llamada Batalla de Bomboná, la cual finalizó con un resultado bastante ambiguo. Pues, aunque la milicia pastusa llevaba la delantera al haber causado más bajas y obtenido la bandera enemiga, estos fueron informados falsamente de un ataque a la ciudad de Pasto.

El 8 de junio de 1822, bajo una hipócrita parafernalia, fue recibido por primera vez en la ciudad de San Juan de Pasto el odiado Simón Bolívar. Perfectamente escoltado por su tropa personal y custodiado por guardias prestados por el mismo gobierno pastuso, para firmar un acuerdo que ese pueblo presuntamente desconocía, pero que a su vez los altos mandos y el gobierno conocían a la perfección: el tratado de Berruecos. Este incluía a Pasto dentro de la república que Bolívar estaba intentando unificar, así como dentro de sus leyes y su constitución. Al día siguiente Bolívar se dirigió al pueblo para comunicarle el sistema constitucional que se implementaría en esas tierras. Aunque nadie fue removido ni cambiado de su cargo (para evitar el revuelo del pueblo), los pastusos se sintieron traicionados por el general Basilio García cuando Bolívar partió desde Pasto hacia Quito, y este decidió acompañarlo aun después de haberlo enfrentado con sus tropas en la batalla de Bomboná.

Después de la derrota a manos del ejército realista pastuso en la batalla que tuvo lugar en noviembre de ese mismo año en el sector de Taindalá, el general Antonio José de Sucre recibió tropas de refuerzo por parte de Bolívar y tomó rumbo hacia Pasto bajo las órdenes del mismo y con el objetivo de la revancha. Este era un ejército avasallador conformado por dos mil hombres, donde se incluía el “Batallón Rifles”, una tropa despiadada, conformada por hombres de diferentes orígenes, la mayoría mercenarios venezolanos e ingleses.

12 de octubre, ¡Feliz mal llamado “Día de la Raza”!

Felipe Chaves Granada
(Bogotá, 1991) Eterno estudiante. Criticón de la vida, las personas y el arte. Cree en eso del “amor al arte”. Ha participado en diferentes exposiciones colectivas por presión académica. Ilustrador, artista urbano y tatuador por amor.
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