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Exposición individual de escultura y performance, donde se invitaba a los asistentes a pedalear en bicicletas montadas sobre rodillos para mover dos juguetes que rodaban en una tabla que simulaba un velódromo.

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Contrarreloj

La mayoría de competiciones deportivas en Occidente están mediadas por la relación tiempo vs. Victoria. Esta es una relación que se hace explícita en varias categorías ciclísticas. En pista, la prueba de velocidad estima la relación distancia/tiempo en un envión de velocidad con previo impulso (sprint), y en la prueba por puntos se establecen comparativos de sprints realizados en varios momentos sobre una extensión de varios kilómetros. En ruta, es la acumulación de tiempo sobre etapas del recorrido la que define el liderato de la carrera acorde a cada categoría de competición. Tanto en pista como en ruta, la prueba contrarreloj –individual o por equipos– explicita una tipología de carrera donde desaparecen los demás competidores y la clasificación se estima por el tiempo empleado en recorrer la misma distancia.

De cualquier manera es la valoración del tiempo y no necesariamente el orden de llegada el que articula el sentido de estos eventos. Sin embargo, la valoración de estas competiciones en virtud del eje temporal queda a un lado cuando el ciclismo se percibe desde prácticas y escenarios ligados al espectáculo o el entretenimiento. En estos casos, es la clasificación y la figura del líder de carrera la que articula el sentido de competencia y victoria. Es allí donde se fijaron practicas de apuesta en torno al ciclismo.

La relación formal del ciclismo con el Derby dio pie a un artefacto poco común, y hoy prácticamente desaparecido, que permitió trasladar la competición ciclística de la pista al ámbito de los juegos de azar en lo que se denomino Carreras de Rodillos. Este dispositivo consistía en una maqueta que reproducía el ovalo de la pista, con modelos a escala de bicicletas y ciclistas que eran impulsados a través de complejo mecanismo que trasmitía el impulso de bicicletas reales a la pista en miniatura. Algunos de estos escenarios dejaban los verdaderos ciclistas a la vista, otros les ocultaban junto al aparataje que hacía posible el cambio de dimensión como se ve en una escena de Las Trillizas de Belleville y tal como hoy, funcionan Derbys a escala en muchas casas de apuesta.

Este modelo de competición, trasladado del escenario deportivo a la mesa de casino, es el que –sumado a otras variables– es recontextualizado por Manuel Quintero en Voiture Balai. El funcionamiento de este artefacto aborda el carácter de espectáculo que tuvieron las Carreras de rodillos y lo hace explícito en el ambiente y decoración propiciado para ello, y del cual participan observadores y competidores. A esa disposición se ha sumado una moldura que enmarca a quienes ocupan el papel de los ciclistas con lo que su presencia adquiere un carácter de “cuadro vivo”, con los roles discursivos y de correspondencia con lo que sucede en el pequeño velódromo ubicado fuera del marco, pero entre ellos y los espectadores.

Este modelo implicó rehacer el mecanismo de un artefacto que probablemente nunca fue implementado en el país; para su realización se adoptó el carácter del dispositivo original en diversos sentido. El primero de ellos es que –inicialmente– Quintero ha decidido abrir la participación del público para que quien desee pedalee en el rol de competidor. Pero esta vez el ganador ha de ser el que se demore más tiempo sobre la bicicleta, quien ande más lento. Con esto, el orden de la competición invierte su sentido, desplazando la relación convencional de velocidad/distancia/tiempo, por otra mas bien ligada al sentido de equilibrio y de resistencia.

Otra de las soluciones asumidas en la realización del artefacto involucra un par de muñecas Barbie ciclista ocupando el lugar de los ciclistas en el velódromo-maqueta mientras que las bicicletas reales, dispuestas sobre los rodillos, corresponden a modelos para competición en pista. Esta oposición de modelos ciclísticos da cuenta de una serie de alteridades articuladas en la propuesta: pista o ruta, competición o entretenimiento, triunfadores o vencidos, y es esta última alteridad donde el título de la propuesta adquiere sentido, pues Voiture Balai (Coche escoba) es el término con el que se denomina al automóvil encargado de recoger a los competidores rezagados a los últimos lugares en las diferentes etapas del Tour de France.

 

–Equipo TransHistor(ia) (María Sol Barón – Camilo Ordóñez Robayo)

 

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Sede de la exposición: El Patio (Galeria nueveochenta)

Registro fotográfico: Manuel Quintero

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Modalidad de intervención ReemplazO: curaduría

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Guillermo Vanegas
En 2010 fundó Reemplaz0, donde realiza curadurías históricas y de arte contemporáneo. Fue curador de los 13 Salones Regionales de Artistas y del 44 Salón Nacional de Artistas. Trabajó en la Oficina de curaduría del Museo Nacional de Colombia y la Gerencia de artes de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño. Recibió la Beca de investigación monográfica del Ministerio de Cultura de Colombia en 2015, el Premio Internacional de Crítica de Arte de la revista Lápiz en 2005 y Premio de Ensayo Crítico, otorgado por el I. D. C. T, ese mismo año. Desde 2007 se desempeña como profesor en varias universidades bogotanas. A partir de 2016 coordina la sala de exposiciones ASAB.
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