Cámara de Comercio de Bogotá

Esta exposición buscó enmarcar en el territorio que ocupa la Bogotá actual, las consecuencias de aquel proceso donde los costos que acarrea el sostenimiento de un sistema social complejo se incrementan más rápido que los beneficios que ofrece ese mismo sistema.

Presentó las propuestas de un grupo de autores interesados en responder a este contexto a partir de estrategias procedentes de las artes visuales, contrastando la atracción apocalíptica que ejercen nociones como crisis o insostenibilidad en la retórica ciudadana y negociar el efecto de desesperación que generan.

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“Los artistas extraen sus referencias de la energía del contexto urbano y construyen sus modelos a partir de las dinámicas propias de la ciudad. Esta Torre de Babel contiene, en la formulación de los años noventa un germen ambiguo, a la vez utópico y antiutópico, pero inclinado mucho más hacia los proyectos pequeños y afectivos que hacia los proyectos transformadores ideales.”
Gustavo Zalamea.

Como un diagnóstico, esta perspectiva firmada en 2004 sobre el arte de la década anterior intentaba explicar el trabajo realizado en las principales academias universitarias del país: daba cuenta de una homogenización en las elecciones temáticas y de una sofisticación en el manejo de lenguajes visuales por parte de los artistas más jóvenes. Así mismo, afianzaba el terreno donde poco después, parte de esos autores comenzaría a reiterar sus representaciones de ciudad. Como complemento, vale decir que una gran mayoría de quienes continuaría trabajando y exponiendo se puso en la tarea de identificar reiteraciones, crisis y problemáticas. Otros, muy pocos, intentaron diseñar planes de readecuación, modificación alternativa, intervención social semieficaz. Les salía mejor la mueca pesimista que el esfuerzo constructivo. Eran realistas.

La Ley de rendimientos decrecientes apunta a definir aquel proceso donde los costos que acarrea la creación y sostenimiento de un sistema social complejo se incrementan más rápido que los beneficios que ofrece ese mismo sistema. Como señalan Ramón Fernández y Luis González en su libro En la espiral de la energía, este fenómeno revela una grave pérdida de resiliencia de la sociedad contemporánea: mientras existan mayores niveles de conectividad, nodos clave altamente vulnerables (en finanzas, consumo y producción), tendencia a la hiperespecialización, merma de diversidad y destrucción masiva de ecosistemas menos fácil será enfrentar el colapso actual del sistema urbano-agro-industrial. Ante este panorama, algunos artistas y grupos de investigación de procedencia universitaria han comenzado a plantearse diferentes maneras de responder con estrategias de intervención procedentes del campo artístico. De igual manera, administran los efectos a mediano y largo plazo de sus propuestas, reemplazando voluntarismo con responsabilidad.

Retomando el panorama que mostraba el epígrafe de este texto, han dejado de lado la ambigüedad para optar por cultivar un “germen utópico [menos] inclinado […] hacia los proyectos pequeños y afectivos que hacia los proyectos transformadores ideales”. Por supuesto, se ponen en una posición incómoda y arriesgan un costo de credibilidad al exhibir sus prototipos de intervención en crisis. Saben que sus ideas pueden servir como rutas de cambio o dispositivos de acción autoritaria. El destino de toda utopía depende del cristal con que se le mire.

Sin embargo, amplían el contexto de producción visual que aprendieron a utilizar para ir y venir, entre la construcción de proyectos artísticos, la imaginación de políticas ambientales, el activismo de mediano perfil y la planeación de modos de convicción. En muchos casos y por las mismas características de los temas que trabajan, configuran procesos de trabajo que superan la producción de señales visuales. Leen e interpretan el contexto geopolítico o institucional donde intervienen al tiempo que efectúan negociaciones a distintos niveles con la idea de concretar sus proyectos. En este sentido son realistas también: saben que no sólo de intuición creativa y buenas intenciones dependen sus obras.

Guillermo Vanegas

 

 

 

Guillermo Vanegas
En 2010 fundó Reemplaz0, donde realiza curadurías históricas y de arte contemporáneo. Fue curador de los 13 Salones Regionales de Artistas y del 44 Salón Nacional de Artistas. Trabajó en la Oficina de curaduría del Museo Nacional de Colombia y la Gerencia de artes de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño. Recibió la Beca de investigación monográfica del Ministerio de Cultura de Colombia en 2015, el Premio Internacional de Crítica de Arte de la revista Lápiz en 2005 y Premio de Ensayo Crítico, otorgado por el I. D. C. T, ese mismo año. Desde 2007 se desempeña como profesor en varias universidades bogotanas. A partir de 2016 coordina la sala de exposiciones ASAB.
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