Encuentro de egos

Para bien o para mal, el grafiti está en auge, se habla de él en todo lado y por todos los medios. En el caso del grafiti de Bogotá, se habla de cuando se raya un bus de Transmilenio, cuando Peñalosa tapa murales en la Candelaria, cuando se va a hacer el evento más grande de grafiti en la ciudad o, más trágicamente, cuando un grafitero es asesinado por la policía. De esto se puede escuchar de todo. Opiniones a favor y en contra por igual medida, pero aun así este choque de dictámenes genera conflictos y debates que algunas veces se salen de lugar.

El grafiti es de todos, es una herramienta de comunicación con un poder e impacto inimaginable, utilizado por artistas, pandilleros, mamertos, guerrilleros, borrachos, barristas, enamorados o para simple publicidad. El problema ya no es de quién sea o no mejor artista, quién tenga más experiencia o no, el problema es que la calle es de todos y es de nadie, de los indigentes, de los transeúntes, de los vendedores ambulantes, de los carros, de la publicidad, de los grafiteros, y no hay (ni habrá) reglas que regulen a cada uno, o su comportamiento y su dinámica cuando éstos se encuentran.

Pero dentro del propio mundo del grafiti hay reglas (ridículo pero cierto). Éstas armonizan un poco la movida en la calle y evitan que existan más odios de los necesarios entre grafiteros. El problema de estas reglas es que varían según cada uno, pues todos quieren que sea el propio grafiti de cada quien el que sea respetado sin importar el respeto por otros. Estas reglas que intentan defender generalmente piezas individuales, se argumentan según el estilo, experiencia, uso de materiales o técnica, entre otras razones. Es perfecto que existan este tipo de normas que, en realidad, están creando una convivencia dentro del gremio y permiten solucionar disputas al momento de citarlas. Aunque las reglas del grafiti solo sirven para grafiteros, es difícil o casi imposible explicar este tipo de acuerdo pactado entre todos los grafiteros a otro tipo de personas fuera del gremio, como artistas, barristas, personas que pegan carteles publicitarios, maestros de obra, policías, entre otros. Siempre el grafiti ha sido visto y constituido como una expresión del pueblo, ya sea con letras raperas, stencils o mensajes politiqueros, pero últimamente, este ha sido monopolizado un poco (no tan poco), se ha convertido en intervenciones artísticas y se ha viralizado dentro de las galerías. Los muros los controlan solo ciertos grupos, organizaciones y mesas de grafiti, creando y manipulando los mismos eventos y se empieza a tornar aburrido el ambiente. Las supuestas reglas del grafiti no las respeta nadie porque todos creen tener la razón y, finalmente, los muros quedan a manos de los mismos de siempre, proponiendo lo mismo de siempre.

El grafiti está dentro del Hip Hop, pero el grafiti no es Hip Hop. Desde la congregación de todos los elementos del Hip Hop y su inevitable difusión por el mundo, el grafiti ha influenciado a todo tipo de personajes a través de esta cultura y su música. Esto no quiere decir que todo el que haga grafiti sea rapero o entusiasta de este género. El stencil, por ejemplo, es un movimiento “grafitesco” inspirado desde el Punk, manteniendo su mensaje crudo y drástico, y su “manía” del DIY (Do It Yourself). Pero, definitivamente, ese grafiti de letras informes que se puede ver en cada cuadra de la ciudad es influenciado desde el propio Hip Hop, aunque practicado por metachos, punks, skaters, tatuadores, artistas plásticos y desde todo tipo de disciplinas y gustos.

El término “Toy”, que normalmente significa juguete en inglés, se utiliza a diestra y siniestra dentro del vocabulario grafitero para insultar y denigrar a ciertos personajes del mismo gremio que no están respetando las ya mencionadas y tan “valoradas” reglas del grafiti. Este término funciona para categorizar casi siempre a individuos novatos en la práctica que, por intentar lograr notoriedad, pasan por encima de otros más expertos. Sin embargo, esto no siempre es así, pues el término puede ser dirigido hacia grafiteros con experiencia si se quiere insultar su trabajo y su veteranía en el asunto. Copiar un estilo o tapar un grafiti son acciones que para algunos hacen meritorio el título de Toy.

El grafiti es una constante guerra de egos, más que de estilos. Los eventos de grafiti no pasan de ser una competición y una insistente necesidad de compararse entre los mismos participantes. El juego del grafiti dejó de invitar propuestas y estilos nuevos para quedarse con lo mismo que se ha visto durante décadas. Estos mismos egos, no permiten una inclusión en su mundo, a menos que sean amigos cercanos (¿rosca?), ese ego que se regocija en años y años de supuesta experiencia, pero que no da cuenta de algún tipo de estilo o de habilidad. Es decir que puede ser una mierda de artista (grafitero), pero si lleva muchos años haciéndolo, ya puede hacer parte del monopolio (reconocimiento por encima de la destreza). El ego en este caso es el mismo que se vuelve territorial, el que monopoliza los eventos y las paredes, el que no respeta la experticia de otros porque no comparten el mismo pensamiento. Insisto, las reglas del grafiti son para grafiteros, nadie más las entiende ni las defiende.

Si se habla de quién fue primero en este cuento, ciertamente, el extinto grupo guerrillero M-19, es el indiscutible pionero del grafiti, por lo menos en Bogotá y con la Universidad Nacional como la meca irrefutable de este movimiento desde 1970. Movimiento adoptado como práctica popular de protesta. Con esto se quiere decir que el M-19, innegablemente, fue antes que el Hip Hop y su forma de grafiti, al menos por estas tierras. Por lo tanto, ese tipo de expresiones mamertas, politiqueras y guerrillistas, defendiendo un mensaje “revolucionario” son de antaño y, por ende, respetables. Este pensamiento es de la vieja escuela, grandes letreros con mensajes, claros, explícitos y contundentes, amenazando con nombres propios, como no se pueden ver en otro tipo de expresiones. Hablando de guerrillas, actualmente Colombia se enfrenta a lo que sería el primer paso en la búsqueda la un poco utópica pero no imposible paz. Las Farc-EP, uno de los grupos guerrilleros más letales y viejos en el mundo, por fin logra dejar la revolución armada y, para malestar de muchos, también unirse al grueso político que está conformado en el país.

El 29 de agosto de 2017, en la calle 26 con Av. Caracas, en la ciudad de Bogotá, se dio un encuentro para nada pactado con anterioridad entre dos grandes artistas (grafiteros, muralistas, vándalos, como quieran) de la ciudad: Franco de Colombia (Fco) versus Resistiza. Ambos personajes con un portafolio artístico inmenso. No fue un enfrentamiento de cualquier pelagato. Este tipo de encuentros informales y espontáneos, son los que los mismos eventos de grafiti intentan emular. Pero esta vez no había patrocinios, ni permisos, ni mil entusiastas del grafiti haciendo barra por el favorito, no había roscas, no había muros regalados, no había premio al final, solo el ego de ambos rivales. Por más que exista enojo y odio entre los “contendientes” en estos enfrentamientos, la oportunidad de visualizar un debate a punta de pintura, es inmensamente enriquecedor para la cultura del grafiti, justamente hablando de paz, es importante saber que las rencillas se pueden quedar simplemente en las paredes.

El viejo Resistiza, con afán y emoción por el fin de la guerra con las Farc y la posterior conformación de su partido político, planea e intenta realizar un mural que buscaba hacer honor a todo esto que estaba pasando. Ciertamente, Resistiza es un conocedor del grafiti, sus reglas y representantes. Sin embargo, en esta ocasión, no estaba pensando como un grafitero territorialista, sino que, por el contrario, estaba pensando como artista y su propuesta era totalmente estética y explícita en cuanto a su mensaje. Pero al bloquear de su mente el mundo del grafiti, así como su reacción en las calles, olvidó que había entrado en territorio ajeno, pero re-insisto, las reglas del grafiti no las puede poner en práctica alguien que no está haciendo grafiti.

Fco es otro ente importante en el crecimiento de la cultura del grafiti en Colombia. Integrante de varios de los mejores colectivos de grafiti a nivel nacional, entre ellos APC (grupo del cual defiende el nombre en este enfrentamiento en cuestión). El trabajo de Fco, va desde la pintura, la ilustración, el muralismo, la serigrafía, entre otros, pero en esta ocasión, su pensamiento era firmemente el de un grafitero, totalmente dispuesto a dar la pelea por defender su obra y su espacio. Y no es para menos, pues a nadie le gusta que pisoteen su trabajo al cual se le invirtió, amor, tiempo y dinero.

Esta disputa territorial y artística fue distribuida a los seguidores de Fco vía Instagram, a través de un video en directo.

Según el simple significado que se puede entender de la expresión Toy, es bastante fuerte e innecesario referirse a un artista de la talla de Resistiza con estos términos. Es entendible el calor que genera una disputa de este calibre, pero, aun así, el insulto no tiene lugar dentro del debate. De otro lado, ciertamente el estilo y la estética que maneja Fco en su trabajo están netamente ligados a la influencia del Hip Hop. Al contrario de Resistiza, quien intentaba plasmar un mensaje mamerto y politiquero, al mejor estilo que el M-19 puso de moda en la Universidad Nacional en los 70.

¿Hubo ego en este encuentro de estilos? Sí, por parte de ambos. Por parte de Fco, porque estaban pasando por encima de él y de su obra, eso duele y molesta y no cualquiera es capaz de reclamar lo que se le ha arrebatado. Y por parte de Resistiza, porque él no pensaba en que el muro fuera “propiedad” de otra persona. Él tenía una idea en la cabeza, la cual no pudo resolver de forma física porque llegaron a obstaculizar su trabajo y eso también molesta. El ego no tiene que ser una sensación necesariamente negativa o positiva, simplemente se siente y este se hiere si algo que hemos construido intenta ser destruido. Esto lo entienden todo tipo de artistas.

Todo lo escrito aquí no busca defender ni atacar a nadie, no hay bandos que escoger, nadie tiene la razón. fue un enfrentamiento entretenido y totalmente cultural, utópicamente, es así como se deberían resolver todo tipo de conflictos y malos entendidos, aunque no se llegue a ningún punto específico.

Felipe Chaves Granada
(Bogotá, 1991) Eterno estudiante. Criticón de la vida, las personas y el arte. Cree en eso del “amor al arte”. Ha participado en diferentes exposiciones colectivas por presión académica. Ilustrador, artista urbano y tatuador por amor.
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