Editorial

18 razones por las que vale la pena recordar, La Deriva a ciegas Antología de acciones de Constanza Camelo Suárez (curaduría de Emilio Tarazona, galería Valenzuela Klenner, abril 14-mayo 12), justo cuando retornan las masacres políticas al segundo país más feliz del mundo

Cobijo, 1995 (Berma central, Avenida Kr 53, Barrio Venecia, Bogotá. Performers: Constanza Camelo, Santiago Echeverry, Sara Yépez. Foto: Henry Velázquez)

1.- Porque aporta una mirada histórica hacia la producción de una artista que debió salir del país amenazada de muerte a causa de su obra Jornadas de Limpieza.

2.- Por volver a mirar el recorrido metafórico que la artista trazó alrededor la macabramente bautizada –y efectivamente agradecida por el grueso de la sociedad colombiana–, “limpieza social”.

3.- Por recordar que en su exilio, Camelo llegó a un país también dividido por un referendo que se desenvolvió, también, estúpidamente y una vez instalada allí, recontextualizó sus Jornadas de Limpieza, ya no hablando de exterminio poblacional, sino de imposición de normas de higiene para erradicar movimientos de ocupación de plazas en Quebec.

4.- Por recuperar el trabajo de Camelo con el colectivo internacional We Are not Speedy González y  recordarnos que hoy no hay naciones sino lugares con fronteras donde “caen” maquilas.

5.- Por recuperar el trabajo de Camelo con el colectivo internacional We Are not Speedy González y recordarnos que hoy la identidad étnica se usa, sobre todo, para “caerle” a alguien y perseguirlo, en muchos casos, a muerte.

6.- Por recuperar el trabajo de Camelo con el colectivo internacional We Are not Speedy González y repensar la biopolítica que le “cae” a quienes atraviesan geografías bajo motivaciones políticas, laborales o económicas.

7.- Por reexaminar el modelo de trabajo en colectivo, que comenzó a introducirse en el campo artístico local desde mediados de la década de 1990, triunfó, se institucionalizó y poco se le analizó.

8.- Por aportar varias versiones en video sobre la forma en que la artista comprende su actividad como performer, es decir, su interés por convertir la acción en un gesto que introduce poesía en la vida cotidiana.

9.- Porque nos recuerda que la noción de interdisciplinariedad lleva veinticinco años circulando por el campo artístico colombiano, comprendiéndosele pocas veces bien, como en este caso.

10.- Por recuperar información visual sobre muchísimas obras efímeras de Constanza Camelo y sobre las que, hasta esta exhibición, no se tenía noticia.

11.- Por acompañar la reflexión de la artista sobre su poco interés por la producción de objetos.

12.- Por estudiar el modo como Camelo ha diseñado procedimientos de gestión, autogestión, encuentros interprofesionales o encuentros internacionales para la realización de varias de sus obras.

13.- Por pormenorizar la evolución en el uso de dispositivos de geolocalización en la obra de Camelo, y subrayar que lo que en 1995 parecía utopía de interconexión (vía internet 1.0), ahora es persecución permanente (vía cámaras con GPS por todos lados).

14.- Por inventariar el análisis de la artista sobre el sujeto derivado de la esfera pública interconectada actual: un ser al que el Estado considera, sobre todo, problemático y a quien no le ofrece más que formas de control.

15.- Por subrayar sin romantizarlo demasiado (¡gracias!) lo difícil que es cruzar una frontera para instalarse definitivamente en un lugar distinto.

16.- Por que es la curaduría sobre una exiliada por parte de un ciudadano exiliado, cuya empatía demostró influir positivamente en la muestra (vr. gr. los textos elaborados por el curador).

17.- Por la necesaria recuperación histórico-crítica de una práctica que parecía estar suspendida entre miles de monografías sobre María Teresa Hincapié y la historia del performance, de Consuelo Pabón.

18.- Por unirse a ese reciente pero fructífero movimiento historiográfico nativo –curiosamente, mejor sostenido por galerías de arte comerciales que desde la academia– y añadir una artista al relato de la producción visual contemporánea de este territorio amenazado con la dictadura desbocada.

Guillermo Vanegas
En 2010 fundó Reemplaz0, donde realiza curadurías históricas y de arte contemporáneo. Fue curador de los 13 Salones Regionales de Artistas y del 44 Salón Nacional de Artistas. Trabajó en la Oficina de curaduría del Museo Nacional de Colombia y la Gerencia de artes de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño. Recibió la Beca de investigación monográfica del Ministerio de Cultura de Colombia en 2015, el Premio Internacional de Crítica de Arte de la revista Lápiz en 2005 y Premio de Ensayo Crítico, otorgado por el I. D. C. T, ese mismo año. Desde 2007 se desempeña como profesor en varias universidades bogotanas. A partir de 2016 coordina la sala de exposiciones ASAB.
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